Algunos porqués de la decadencia norteamericana
Hace un año escribí un artículo titulado "Algunos porqués de la hegemonía norteamericana", donde analizaba las características que hacían de Estados Unidos la potencia mundial preponderante, en dicho artículo también señalé escuetamente que EE.UU entraba en un proceso de debacle, pero que aún se mantenía en su posición privilegiada y que no la dejaría escapar fácilmente. Pues bien, hoy un año después del primer artículo seguiré la misma dinámica en escribir su contraparte. El deterioro que ha acompañado a los EE.UU en el transcurso de un año no es sólo económico, sino también social y político; aunque siga siendo el protagonista en la escala internacional esta vez su tambaleo ya no puede ser disimulado y las posibilidades que tenga de defender su cima pueden verse reducidas drásticamente si es que da un paso en falso en sus siguientes elecciones del 2012.
Detengámonos primero en el plano económico; desde que la agencia Standard & Poor's rebajó la calificación de la deuda de EE.UU en un escalón (AA+) el coloso ha entrado en un ciclo de duda permanente respecto a su poder económico y sobre todo en el plan de consolidación fiscal propuesto por el congreso y el gobierno de Barack Obama. Lo trágico es que el dólar se encuentra en un plan de caída y amortiguación; es decir, no da señales de levantarse, es evidente tomando en cuenta que con una cuota de desempleo en aumento el consumo también se ve desacelerado ya que el poder adquisitivo de familias enteras se ve castrado por la reducción u eliminación de ingresos; de igual forma, los centros de producción al no vender lo suficiente y tener un mercado en retroceso no pueden producir en la escala ideal y empiezan a tener déficit, déficit que solventan amenudo recortando beneficios laborales o despidiendo trabajadores; los cuales privados de su renta dejan de consumir cerrando el círculo vicioso. Ante esto el plan de rescate y nacionalizaciones de Barack Obama se ha mostrado inefectivo, también es cierto que se ha visto obstaculizada por el parlamento opositor y por la importante carga de patrimonalismo en torno a muchas industrias líderes en la economía estadounidense.

El plano económico que ha minado la confianza antes indestructible de los norteamericanos en sí mismos. De ese mismo plano económico es del cual se desprenden los otros obstáculos e incertidumbres que enfrentan los estadounidenses, ahora toca el plano político, debe ser una elección bastante difícil para un país con una larga tradición bipartidista tener que escoger entre republicanos y demócratas dada la coyuntura actual. La imagen de los republicanos se ha visto deteriorada dado que el último gobierno que realizaron con Bush a la cabeza hizo mucho por desencadenar la crisis del 2008, sumado a un rechazo generalizado tanto interno como externo a la política exterior de su gobierno, un rechazo similar al que se experimentó durante la guerra de Vietnam. Sin embargo, los demócratas no tienen una imagen más alentadora mostrándose para el común denominador de los gobernados como incapaces y defraudadores, el error más grande de Barack Obama haya sido quizá prometer una solución a la crisis en sólo un año y tener que admitir que se encuentran en una segunda recesión, esta percepción decepcionante se ha hecho extensiva a otras promesas incumplidas como la desarticulación de Guantánamo y el retiro efectivo de las tropas en Irak.
El pasado 18 de Octubre se dió el debate del GOP donde el observador habrá podido apreciar que, incluso dentro del partido más conservador se dan diferentes posturas la centro-derecha populista contra el libertarianismo radical del Tea Party, una agrupación en un inicio marginal e independiente que ha cogido una fuerza considerable en el seno del GOP teniendo incluso a tres representantes como posibles candidatos por el GOP (Perry, Cain, Bachmann). Del otro lado están los demócratas que siguen una dinámica opuesta al estar unificados en un potencial candidato, ya que a todas luces irán a la reelección con Barack Obama quien según los últimos sondeos indican que sólo el 18% de la población apoya enérgicamente a su presidente, mientras que el 40% le desaprueba con el mismo énfasis, sumando posturas moderadas tenemos un 44% a favor y un 54% total de desaprobación (los ratios día a día aquí):

Con un dólar colgándose del borde para no caer en picada y con la confianza de los estadounidenses de clase media difusa en dos bandos que resultan poco atractivos el destino de los EE .UU es incierto, lo triste es que con el deterioro del sector privado el estado también se ha ido inutilizando: Los servicios de salud, educación y vivienda -los tres pilares del estado de bienestar- están en retroceso y hasta se plantea retirar muchos proyectos en este sentido dada la falta de presupuesto, esto sólo conseguirá reducir el nivel de vida promedio de los estadounidenses llevándoles a solicitar estos servicios al sector privado, mas si este también se muestra incapaz y restrictivo, entonces se está preparando un cóctel para el desastre. Es triste ver como una nación fundada en el idalismno y en una aristocracia más intelectual que material se ve hoy secuestrada por lo más obtuso de sus líderes políticos, comunicativos, sociales y corporativos. Planteo ahora la misma pregunta del artículo anterior: ¿Está Estados Unidos ante su inevitable derrota? Todo es cuestión de tiempo y el de ellos se vence el 2012 dependiendo del runbo que tomen los electores y el rumbo que tome el elegido. ¿Que China se está alzando y es acreedora del 80% de la deuda externa nortamericana? Sí, mas el ascenso vertiginoso de China puede ser bien una ilusión como fue el desarrollo acelerado de Japón entre los años ochenta y noventa, que fue seguido de un estancamiento que perdura hasta hoy. Sólo nos queda esperar.
Artículo escrito por
Aldo Cisneros Jirón (cisneros@perufuturo.org)
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